Jardinería espacial, ¿mito o realidad?

Hace ya algunos años que las grandes agencias espaciales de países como EE.UU, China o la Agencia Espacial Europea trabajan en la llamada agricultura espacial.

La principal motivación de estos experimentos viene de la necesidad de alimento que no pierda sus principales nutrientes con el paso de los meses. Si tenemos en cuenta que misiones a planetas como Marte llevarían varios meses o incluso años, la idea de poder cultivar en el espacio se plantea como una acertada solución que, además de proporcionar alimento a la tripulación, evitaría que desarrollen enfermedades cardíacas o cáncer entre otras afecciones.

¿Cómo saber de la infinita variedad de plantas comestibles cuáles son las más idóneas para estos experimentos? Para ello han contado a jóvenes jardineros y botánicos. Por ejemplo, en el Jardín Botánico de Fairchild, en Miami, han identificado poco más de cien variedades susceptibles de ser cultivadas fuera de nuestro planeta. La lechuga o el repollo han soportado satisfactoriamente a un cultivo en las mimas condiciones en las que se haría en el espacio exterior.

 

 

 

 

 

 

 

 

Más de 10.000 alumnos/as de 150 centros escolares han cuidado de estas plantas usando bandejas equipadas con lámparas como las que se usan en estas misiones. Observando su evolución, recogen y apuntan todos los datos que luego hacen llegar a la NASA. Desde la agencia espacial norteamericana añaden que incluso el margen de error, existente al realizar estas pruebas con la ayuda de estudiantes, es favorable al proyecto pues esos cambios de variable se asemejan mucho a los cambios que la planta sufriría en el espacio.

Fue después de muchos intentos cuando en 2015 los astronautas que ocupan la Estación Espacial Internacional pudieron comer la primera ensalada cultivada fuera de nuestro planeta azul. Hasta entonces o no germinaban o morían como consecuencia de la falta de agua.

Hoy en día cuentan con tres cámaras dedicadas exclusivamente a esta agricultura espacial que permite recolectar hasta dos hojas de lechuga por astronauta que, a pesar de parecer insuficiente, es todo un hito en la carrera hacía conseguir autoabastecerse.

En los próximos años está previsto ir introduciendo nuevas variantes como la col o incluso el tomate que no solo ayudan a los tripulantes a mejorar su alimentación, sino que psicológicamente les sirve para mantener la conexión con su vida en la Tierra.

 

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